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sábado, 25 de enero de 2014

FUGA DE DIVISAS.

SOLO CON MEDIDAS FUERTES SE PUEDE PARAR



(AW) La fuga de divisas tiene su fogoneo desde el capitalismo mundial y es a la vez negocio y política para debilitar gobiernos que no les satisfacen del todo. La única manera de enfrentarlos es con el monopolio estatal del comercio exterior, cosa muy lejos de las intenciones del gobierno de Cristina Fernandez.

dolar
 La brecha cambiaria
Carlos A. Larriera
Rebelión
El cambio de gabinete en diciembre se debió a la necesidad del gobierno de superar la brecha cambiaria. Históricamente el mercado paralelo, blue, básicamente un mercado de dólares billete, siempre fue de muy pequeña dimensión frente al volumen global de las divisas que entran y salen del país. Pero el capital concentrado y centralizado internacional, (CCyCI) continuando con su política destituyente de provocarle al gobierno una situación económica inmanejable, se concentró en el aumento de la brecha cambiaria. Es decir, mientras la diferencia entre oficial y paralelo o blue era pequeña, no era un problema que afectara mayormente el funcionamiento global de la economía, pero al ampliarse la brecha cambiaria se tornó urgente cerrarla lo más pronto posible. 
Es la misma operación que el CCyCI está haciendo en Venezuela, país en el cual a diferencia de Argentina, el 97% de las exportaciones son de petróleo de la empresa estatal PDVSA. Es decir que es el estado el que percibe directamente las divisas, y no como en la Argentina que son empresas privadas las receptoras de las divisas que deben después liquidarse en el mercado de cambios e ingresar como reservas al Banco Central. [1] En Venezuela, por lo tanto, no debería haber problemas de restricción externa (escasez de divisas), sin embargo lo hay, porque existe una fenomenal fuga de divisas efectuada a través de una sobrefacturación de importaciones de grandes dimensiones [2] y han logrado provocar también una brecha cambiaria complicando el funcionamiento de la economía venezolana. 
A fines de 2011, cuando la fuga de divisas significaba una reducción acelerada de las reservas, el gobierno nacional instrumentó una política de administración de las divisas, un control de cambios parcial y focalizado, administración de la autorización de importaciones, prohibición de venta de dólares para ahorro, necesidad de justificar un monto adecuado de dinero en blanco para la adquisición de divisas, etc. Esta política llamada “cepo cambiario” por la oposición, obtuvo un resultado importante y frenó, en gran medida, la fuga. 
Pero el CCyCI potenció la dinámica natural del mercado de cambios capitalista, fogoneando la suba de la cotización del dólar paralelo de múltiples maneras, hasta que la brecha cambiaria se tornó lo suficientemente grande como para adquirir una dinámica propia de crecimiento permanente. Cuando la brecha es muy grande los distintos actores económicos o bien deciden no vender sus dólares en el mercado legal o bien esperan a que suba la cotización, es decir, esperan una devaluación, brusca como quieren los voceros del CCyCI, o gradual pero acelerada como la que está realizando el gobierno actualmente [3]. 
La política del CCyCI implicó impulsar por un lado la salida de una gran cantidad de divisas y, por el otro ingresar la menor cantidad posible, de esta manera bajar las reservas, en base a esta caída potenciar las expectativas de una devaluación, y fomentar así el crecimiento permanente y en creciente aceleración de la brecha cambiaria. Al llegar a un determinado crecimiento la brecha cambiaria adquiere una dinámica propia, lo que provoca, ahora sí, un problema económico imposible de sustentar en el tiempo. Para que la economía tenga un funcionamiento manejable es imprescindible, llegado a este punto, reducir a un mínimo la brecha cambiaria. 
Los exportadores demoraron la venta esperando una mayor devaluación, como es el caso del aumento de la acumulación de la cosecha en silos bolsa. Los importadores aceleraron los pagos, previendo un encarecimiento del dólar. El turismo que ingresa al país en lugar de vender dólares en el mercado legal, lo hizo en el blue, por la diferencia de precio. Los turistas que viajan al exterior usan al máximo el dólar de la tarjeta de crédito, elevando notablemente la salida de divisas. En definitiva con una brecha cambiaria en crecimiento, todos los actores económicos se van volcando al dólar blue de una u otra manera o esperan la devaluación, provocando el aumento de la brecha cambiaria a una velocidad cada vez mayor, haciendo insostenible su mantenimiento. El CCyCI finalmente logró poner al gobierno en una encrucijada difícil de superar. 
Es indiscutible que existió y existe esta política del CCyCI. Es cierto también que existe una dinámica natural de los actores económicos cuando hay una diferencia, aunque sea pequeña, entre el dólar oficial y el paralelo, y que esta dinámica se profundiza a medida que la brecha crece. Si la brecha es muy pequeña, nadie se molesta en ir a las cuevas a vender su dólares, si la brecha es grande todo el mundo vende a la cotización blue. Pero el crecimiento de una brecha pequeña a una brecha suficientemente grande como para que adquiera su propia dinámica de aumento, no es solamente ni mucho menos un fenómeno natural. Los medios de comunicación de mayor difusión entre la población del país, televisivos, radiales y prensa impresa, internet, pertenecen a distintas fracciones del CCyCI. Tal es el caso de los grupos de empresas Clarín y La Nación, porque no son “un diario” sino la prensa escrita representante de grandes conglomerados empresarios industriales, comerciales y financieros. Hablar de “Clarín” refiriéndose exclusivamente al diario, como si fuera solamente un problema entre “un diario” y el gobierno, es alejarse de la realidad. Hay que recordar, por ejemplo, que el conglomerado empresario “Clarín” tiene más de 240 empresas de cable en el país, y además posee multitud de radios y diarios en muchas provincias, habiendo adquirido, por ejemplo, el control de los diarios La Voz del Interior de Córdoba y Los Andes de Mendoza. Hay que tener presente también que la mayoría de los bares y restaurantes de la Ciudad de Buenos Aires emiten permanentemente el canal TN del conglomerado Clarín. Y la distribución en el interior del país de este conglomerado empresarial también es abrumadoramente hegemónica. Prácticamente el único diario de la Capital que llega al interior es Clarín, y en menor medida La Nación, que también es integrante del CCyCI. En definitiva, la “noticia” de los diarios, radios y canales de televisión que recibe la población es lo que dicen Clarín y la Nación. Esa noticia es percibida como la verdad de lo que pasa en el país, naturalmente, por la mayoría de la población. Y estos medios de comunicación del CCyCI vienen fogoneando de todas las maneras posibles la sensación colectiva de que el dólar en algún momento se va a devaluar, impulsando de esa manera el aumento de la brecha cambiaria. Por otro lado, el incremento de la sobre facturación de importaciones y subfacturación de exportaciones, la demora en liquidar divisas, la retención en silos bolsa, etc., no sólo han estado motivadas por una expectativa de devaluación, sino deliberadamente para aumentar la brecha cambiaria. 
El CCyCI puede llevar adelante esta política porque el propio gobierno se encuentra encerrado por su respeto a las reglas de juego del capitalismo, pero particularmente por su respeto a las reglas de juego instaladas desde la dictadura militar y el menemismo, reglas que responden en particular a los intereses del CCyCI. No es incompatible con el capitalismo una reforma agraria radical, ni siquiera es incompatible con el capitalismo la expropiación de todos los propietarios agrarios, grandes, medianos y pequeños, la estatización de la propiedad agraria en su totalidad y la explotación agraria exclusivamente por contratos de usufructo de la tierra. Esto no solamente no es incompatible con el capitalismo, sino que promueve el desarrollo más acelerado y pleno del mismo. Obviamente, los propietarios agrarios demonizan esta posibilidad, y la relación de fuerzas para intentar la reforma agraria más leve es muy difícil de lograr, en principio porque ni siquiera se habla del tema, y la relación de fuerzas depende en lo esencial de la toma de conciencia de la mayoría de la población de la dimensión del problema que se trate. 
Tampoco va en contra del capitalismo la estatización del comercio exterior y los bancos, medidas imprescindibles para administrar adecuadamente las divisas y direccionar el crédito hacia el fomento de la producción. También en este caso, obviamente, las empresas privadas que monopolizan el comercio exterior (ver nota al pie n°1) y la banca privada se oponen ferozmente a todo cambio en este sentido. La estatización del comercio exterior y los bancos, que son las medidas que el gobierno necesita tomar si quiere solucionar el problema de la restricción externa, (falta de divisas), restricción que en este momento está provocada por la brecha cambiaria, no son ni siquiera consideradas por el gobierno, que no está de acuerdo, o no se atreve a llevarlas adelante. Tampoco tiene el gobierno una política de esclarecimiento de la opinión pública para crear la suficiente relación de fuerzas como para poder llevarlas adelante. Se limita a tomar medidas que no contradigan en lo fundamental las exigencias de las empresas privadas, medidas que por lo tanto son mucho menos efectivas, y de dudoso éxito final. 
Básicamente, Capitanich y Kicillof proponen reducir la brecha cambiaria aumentando la inversión externa y los préstamos del exterior, aunque intentando que esta inversión externa se dirija a promover el desarrollo de la infraestructura y de la industria, y que los préstamos no sean leoninos, como podría ser obtenerlos de Rusia y China, que por la coyuntura internacional tendrían cierta disposición a efectuar préstamos en condiciones relativamente razonables. De lograr de esta manera reducir la brecha cambiaria, y eliminar en lo sustancial la restricción externa, habrán conseguido superar temporariamente la encrucijada actual, pero habrá que ver hasta qué punto esto implicará un mayor sometimiento general a los dictados del CCyCI. 
Si tiene éxito la política de inversión y préstamos externos para frenar la baja de las reservas, tendría la ventaja adicional de independizar al gobierno, en alguna medida, de la necesidad del ingreso de divisas provenientes del sector agropecuario, y de esta manera reducir las posibilidades de este sector de realizar boicots y presiones sobre el gobierno. 
Pero todo es muy incierto, y el gobierno se verá permanentemente sometido a los boicots y operaciones del CCyCI para someterlo a sus condicionamientos y exigencias. 
En el trasfondo de todo esto está el respeto del gobierno hacia las reglas del juego que el CCyCI ha impuesto desde la dictadura militar a esta parte, pasando por el gobierno Menem-Cavallo, que de conjunto han dejado también un “cepo” ecónomico y legal muy condicionante. 
Otra de las cuestiones es la ideología instalada acerca de que los ciudadanos argentinos tenemos un derecho irrestricto a adquirir la cantidad de dólares que deseemos en el mercado oficial, el mercado legal y que cualquier restricción que imponga el gobierno en este sentido, es un violentamiento de los derechos demócraticos de los ciudadanos argentinos. 
Hasta hace un año atrás las reservas del Banco Central eran de 40.000.000.000 de dólares. Teniendo en cuenta que la población argentina es de 40.000.000, haciendo la división correspondiente, corresponde a cada argentino la cantidad de…¡u$s 1.000! Y si sólo 4.000.000 quisiera comprar dólares (obviando una reflexión acerca de que esto sucede si hay mucha pobreza y desigualdad en el ingreso) le correspondería a cada uno u$s 10.000, que también es mucho menos de lo que demandan gran cantidad de turistas, y infinitamente inferior a la fuga de divisas que realizan los grandes capitales. De manera que el tan declamado derecho democrático irrestricto a la compra de dólares tiene un límite objetivo: la cantidad de dólares disponibles es limitada, muy limitada en el caso de que todos los ciudadanos quieran adquirirlos. 
Otra cuestión que la población no tiene en cuenta, y que en gran medida se desconoce, es que las divisas son la única moneda con la cual se pueden adquirir bienes fuera de las fronteras del país. Las reservas del Banco Central son las únicos dólares con los cuales la población puede adquirir lo que se necesita en el exterior, sean medicamentos, aparatos médicos como tomógrafos, etc., pasando por bienes de capital e insumos para la industria, y llegando a bienes suntuarios como autos de alta gamma, por ejemplo. Es evidente que aunque las reservas fueran mucho mayores, aún así tendrían una escasez relativa que obligaría a administrar esas divisas, a ejercer algún tipo de control de cambios. 
Si estas cuestiones fueran cabalmente conocidas y comprendidas por el conjunto de la población, sería mayor la posibilidad de exigir el adecuado ingreso y liquidación de la totalidad de las divisas que se generan en el país, y una administración sensata y racional de las divisas que se utilizan para pagos fuera del país. 
No existe un problema“natural” de restricción externa. En la Argentina se genera una cantidad de divisas holgadamente suficiente para cubrir todas las necesidades de la población, como bienes de capital e insumos industriales, medicamentos y aparatos médicos y turismo, entre muchos otros. La Argentina no es un país que tenga una escasez de divisas estructural. La cantidad de divisas genuinas que tiene un país es la diferencia entre lo que exporta y lo que importa, o sea, entre lo que vende y lo que compra en el exterior. Hay países que producen poco o nada exportable, y por reducidas que sean sus necesidades de importación, en esos casos la crisis crónica de falta de divisas es inevitable. No es el caso de Argentina. El problema aquí es que las exportaciones están en manos de empresas privadas, las importaciones también, e ingresan menos divisas que las que obtienen (subfacturación de exportaciones), o egresan más divisas de las que necesitan (sobrefacturación de importaciones), entre otras muchas maniobras de las empresas privadas que exportan e importan. Cabe aclarar que en el caso de la subfacturación simplemente el comprador extranjero deposita la diferencia entre el valor real y el valor efectivamente denunciado en la documentación de exportación de los exportadores en la cuenta corriente bancaria de estos en el extranjero, hecho esto en la más absoluta legalidad y a plena luz del día, por simples empleados bancarios que cumplen las directivas rutinarias para este tipo de operaciones. En el caso de la sobrefacturación la operatoria bancaria es similar pero inversa. Los dólares que salen para pagarle la importación al exportador del exterior, en su mayor parte son depositados por este en la cuenta corriente extranjera del importador. Si el comercio exterior fuera estatizado, las posibilidades de control serían infinitamente mayores. 
Estos no son, por otra parte, los únicos mecanismos de elusión de ingreso de divisas, o de fuga de divisas [4] , aclarando además, que con distintas operatorias normalmente se realizan a través de la red bancaria o sea, son formalmente legales, y efectuadas a plena luz del día. 
La falsa conciencia relacionada con el dólar y el respeto del gobierno a las reglas de juego capitalistas actuales, instaladas desde la dictadura militar, llegaron en su momento al extremo que aún durante los primeros meses de Marcó del Pont al frente del Banco Central, la venta de dólares al público por parte de los bancos, que en última instancia se pagaban con las reservas del Banco Central, era absolutamente libre e irrestricta. Todo ciudadano o empresa podía comprar una cantidad de dólares ilimitada. Recién con las primeras restricciones se limitó la posibilidad de comprar a toda persona individual o jurídica hasta el monto de 2.000.000 de dólares mensuales. Hoy en día esa “limitación” parece, por el contrario, una autorización desmesurada para comprar dólares, pero estaba en la línea de que el gobierno kirchnerista hasta este momento había permitido la más libre y absoluta compra de dólares en los bancos sin ninguna necesidad de justificar el destino de la compra. Es un claro ejemplo del respeto del kirchnerismo por la libertad irrestricta, incondicional, en cualquier circunstancia, al acceso a los dólares, necesidad difundida permanentemente por el CCyCI desde hace muchos años, y recepcionada y reflejada por gran parte de la clase media como parte de su ideología. 
Es necesario adecuar esta concepción a las necesidades reales de administración racional de las divisas y focalizar la responsabilidad de su escasez en sus verdaderos responsables, las empresas exportadoras e importadoras privadas [5] que se apropian de ellos y eluden y fugan divisas permanentemente, transformando en escasez lo que naturalmente en Argentina sería una abundancia de divisas suficiente para el funcionamiento de la economía. 
Es necesario que la población tome verdadera conciencia de todo esto, y sería deseable que el gobierno contribuyera a crearla, para que pudiera existir una relación de fuerzas suficiente para tomar las medidas realmente efectivas que son la estatización del comercio exterior y de los bancos. Es poco probable que el gobierno esté dispuesto a tomar estas medidas aún en el caso de que contara con la relación de fuerzas favorable, pero es absolutamente necesario tomarlas para optimizar lo más posible la tenencia de divisas, dentro de las limitadas posibilidades que ofrece el capitalismo para hacerlo. 
Todas las fuerzas genuinamente progresistas y de izquierda son las que tienen a su cargo la tarea de ayudar a la elevación de la conciencia de la población, en particular de la clase obrera, para luchar por la estatización del comercio exterior y los bancos. 
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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