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lunes, 24 de marzo de 2014

24 de Marzo de 1976, de medias verdades y mentiras heroicas.

Pedro Eugenio Aramburu, Los girasoles de Rusia, Baltasar Garzon, Horacio Orue y Mario Eduardo Firmenich.

Un pedazo es algo de algo.
Pero, ¿es algo?
Digo.
¿Es algo entero?
Tengo una obsesion por unir los pedazos.
No me gustan las cosas rotas.
Lo voy a intentar.
Corre el invierno de 1.970.
Sali de franco pero al otro dia tengo guardia y debo presentarme a diana.
Con tal de salir y relajarme, gratificarme, me voy al centro, buscando un cine.
En el cine Metro dan Los girasoles de Rusia.
Me meto.
El cine es inmenso, agradable, suavemente rumoroso.
Esta inundado de luces amables.
De a poco, el silencio comienza a descender sobre la sala, el primer telon comienza a subir y la gente sabe que eso implica el inminente comienzo de la proyeccion.
La sala estalla en pedazos.
El silencio estalla en pedazos.
La espectativa de la gente estalla en pedazos.
Una voz en off, nos invita a hacer un minuto de silencio por el asesinado Gral.Pedro Eugenio Aramburu.
La gente se para.
Todo se endurece.
Yo me endurezco.
Saludo.
A mi derecha a unos metros, dos soldados se hacen los boludos.
Archivo:Lanusse y el ataúd de Aramburu.jpg
Abril de 1974.
El tren que me lleva a Mar del Plata, traquetea cansino.
En mis manos tengo “El descamisado” que compré en Constitución.
Que hijos de puta!!!!,  exclamo antes de descargar una carcajada estomacal y bílica.
Y agrego, “Son unos hijos de puta!!!!”.
Mis compañeros de viaje se ríen de mi enojo sarcástico.
Héctor mirando de reojo la publicación, agrega, casi murmurando:”Estos tipos van al corte”.
“¿Podés creerlo?”, digo buscando compartir algo de cordura, y me pierdo en el paisaje y en unos ojos negros que me acompañan.
Año 2.009.
Sentado en mi casa, en mi estudio, leo y releo por enesima vez…”El reo fue juzgado por un Tribunal Militar compuesto por un oficial retirado y dos suboficiales y segun ordenes expresas dadas por Oficiales en actividad y de acuerdo a reglamentos militares”…que es el comunicado de Montoneros sobre el asesinato de Aramburu.
Año 2.004.
La casa es humilde.
En el barrio de Ranelagh en donde estoy, no hay casonas o jardines cuidados, ni golf club.
Aqui solo hay resignacion.
El hombre, de aspecto insignificante, llega por el costado de la casa a la que accedio por un  porton de alambre improvisado, y apoya la bicicleta en la pared.
Una camisa indescifrable, una gorrita raida, un pantalon grafa,zapatillas gastadas y sucias.
Se saca la gorrita entrando a la cocina en la que estamos, escucha la presentacion de su mujer, y me saluda.
Es blanco, de cejas tupidas muy negras, y de incipiente calvicie.
Saludo a la maldad sin acusar impacto.
La mujer me comento que fue hechado de la policia por torturador.
La mujer me conto que la invito a ver como un amigo lo penetraba en la cama matrimonial.
Estoy ante Horacio Orue,quien figura en el listado de desaparecidos de la dictadura militar.
Junio de 1.970.
En Boulevard de los Italianos 619 de Villa Dominico, Horacio Orue conduce esta vez un Valiant color borravino en el que traslada el cadaver de Aramburu tapado con una manta.
Acaba de morir de un síncope cardiaco, y lo tiene que llevar hasta el lugar en que decidieron archivarlo.
Solo que el delincuente que vive en el primer piso lo vio y decide contarselo al Dr.Bermudez, un medico de confianza de la familia, que sabe, tiene contactos con el gobierno.
Interviene entonces el capitan Molinari, que despues de hacer rodear la casa con infantes de marina, da intervencion a la Policia Federal.
El allanamiento, no solo da resultados positivos en la casa de Orue, miembro del servicio de inteligencia del ejercito, sino que ademas lo detienen.
Molinari en un comunicado de prensa lo informa a la poblacion.
El Almirante Nagvi lo cita a la madrugada en el edificio Libertad y lo intima a retractarse.
Tanto el ministro del interior como el jefe de la Policia Federal, desmienten el comunicado de Molinari.
Entre bambalinas, Orue,el hombre que jamas existio, señala el lugar en donde esta Aramburu.
A principios de la decada del sesenta en el Colegio Nacional Buenos Aires, se pasa lista en un curso.
Cuando el preceptor dice, Firmenich, un alumno se levanta, pega un tacazo, extiende su mano derecha saludando marcialmente a la manera hitleriana, y grita…Firmenich, croata, catolico y nacionalista!!!
Acostumbrados, nadie dice nada.
Pasaron algunos años, y ya a nadie sorprende en la guardia ver venir a Firmenich y otros personajes que no mencionare entrar como pancho por su casa al Ministerio del Interior.
A nadie se le ocurre cuestionar a este tipo soberbio y pedante que tiene la proteccion del Gral.Imaz, ministro del interior de Ongania y del mayor Hugo Miori Pereyra.
Finaliza 1.970, año de rumorosa muerte.
William Morris, era una localidad tranquila.
En la comisaria solia dormir la siesta el comisario.
En la pizzeria, ” La Rueda” ,nunca habia nada que contar.
Eso, hasta que la ametralladora de Ramus empezo a ladrar.
Ramus, Abal Medina, Arrostito, Navarro, Rodeiro, Crocco, Firmenich, son de la partida, y no entienden,porque no llego Romano, y si llego la comision policial.
El oficial principal Armando Hass, preside la comision de cuatro hombres que acostumbrados a enfrentar malandras, se encuentran con estos tipos que combaten como demonios, y no se rinden ni heridos.
El lugar queda reducido a la condicion de ruina.
Centenares de impactos tornan irreconocibles las paredes y muebles del local.
La masa encefalica de Abal Medina, ahora es parte de la decoracion.
Mas alla, un cadaver,vestido con traje, deja ver dos portacargadores de 9 mm en el cinturon.
El muerto, tiene el pelo cortado al rape, y bigote,corto y prolijo.
Cualquier distraido hubiese dicho que era un militar.
Nada que ver con la imagen de un guerrillero.
Un masculino morocho de un metro ochenta de estatura, que habia ido a buscar con sus compañeros los ultimos quince millones de pesos de los veinte comprometidos, huye rengeando.
En el sorteo le toco una bala de 11,25 en la pierna.
Masculla con bronca, y jura.
Mientras tanto Firmenich, se aleja del lugar en silencio.
Poco despues, el 20 de enero de 1.971, Crocco salio de Capital Federal con una camioneta que le entregaron, rumbo a la ruta.
El auto viene en el aire, levantando polvareda, por el camino.
Al pasar por el puente se eleva y al caer exige a la suspension pero sigue.
A la derecha esta la laguna de Mar Chiquita.
Norberto Rodolfo Crocco es un estudiante de derecho, admirador de Hitler que vive en la Capital Federal, en la calle Julian Alvarez 1175.
Su nombre de guerra, “Hugo”.
Militante de Tacuara, custodio a Isabelita en 1.965 en su viaje a la Argentina.
Conduce una camioneta propiedad de un teniente coronel, patente 1.060.941.
Se visualiza ya el casco de la estancia y comienza a disminuir la velocidad.
Debio atravesar varios campos para llegar, pero lo esta logrando, esta llegando al objetivo.
Al llegar se apea y le pide a un peon que lo anuncie al dueño de la estancia, que asi lo hace.
Antonio Romano, se desplaza en su palacete con naturalidad, se acerca a Crocco, lo saluda, le ofrece cafe, y se interioriza del motivo de su visita, que Crocco le explica, es una gestion de un escribania.
Esto empalidece a Romano, que trata de disimular.
Crocco le dice que le ordenaron entregarle un mensaje y abre su malettin del que extrae una pistola 11,25, con silenciador, con la que sin perder tiempo, le estampa dos tiros en la cara.
El ruido al caer sobre la mesita el cuerpo sin vida de Romano, y el grito que alcanzo a dar al ver el arma, hizo que un tercero, cuyo nombre no te voy a decir, irrumpiera en el lugar y se fuera con un balazo en el estomago.
Crocco, dijo, “por William Morris”, murmuro la letania que no te voy a contar y se volo la cabeza.
Del maletin se cayo una granada.
El hombre estaba decidido.
Su cuñado, el teniente Aldo Rico, enterado del hecho, se froto el menton y fue a llamar a Noemi, su mujer.
Queria darle el la noticia de la muerte de su hermano.
El tiempo pasa.
El tobogan se inclina.
Todos nos deslizamos hacia la locura.
El Frankestein esta fuera de control.
Ya nadie recuerda como empezo, o ha comprado la historia que se invento para explicar lo inexplicable.
En el fárrago se han perdido los asesinatos de Mor Roig y Caceres Monie, ministro del interior y jefe de la Policia Federal, respectivamente que encontraron el cadaver de Aramburu.
mor-roig-1.jpg
Octubre de 1.976.
Horacio Orue, integrante del Batallon 601 de inteligencia del ejercito, es secuestrado y permanece oficialmente desaparecido hasta hoy.
Junio de 2.004.
En el campus universitario, el juez Garzon, que llega a dar una conferencia, se cruza con el profesor Firmenich que se dirige a su catedra.
Cada cual en lo suyo ni se miran.
El juez Garzon expondra sobre le pedazo que le dejaron ver, o que el quiere ver.
A pocas cuadras, Maria Estela Martinez, alias “Isabelita”, una genocida impune, va de shoping.
Es jueves, en Buenos Aires un invierno crudo insiste en desanimar a las piernas cansadas de caminar medias verdades.
En Plaza de Mayo, las madres caminan en sentido contrario a las agujas del reloj, casi como queriendo retroceder en el tiempo.
Sus pies obedecen a la orden imperativa que escucharon hace decadas.
Circulen!!!Circulen!!!
Y ellas hacen eso.
Circulan en sentido contrario al reloj.
Horacio Orue, el hombre que no fue, me ofrece un mate.
No, gracias le digo.
Un zorzal, canta marcando el territorio en un arbol de un barrio de Ranelagh que no es.
Yo, dejo de escribir.
Me voy a regar mis plantas y jugar con mi perra.
Haceme un favor.
Vos, mientras juego con mi perra, ¿podrias unirme los pedazos?
Si me haces la gauchada, ¿quien te dice?, en una de esas entre los dos, enderezamos la balanza injustamente inclinada por una mano de guante blanco cuyo dueño no se ve.
En memoria de todos los caidos.
PARA LA NACION
SÁBADO 16 DE AGOSTO DE 2003

Martin Edwin Andersen fue corresponsal del Washington Post en la Argentina durante los peores años de la dictadura, además de colaborar luego con el Congreso de los EE.UU. para apoyar la lucha por los derechos humanos. Tras su paso por la Argentina y con los contactos obtenidos escribió el libro "Dossier secreto", en el que describe cómo se construyó y se desarrolló lo que define como "el mito de la guerra sucia", en la que no hubo dos ejércitos luchando entre sí, pero sí varios traidores e informantes. Andersen compartió sus conocimientos sobre Montoneros ayer durante una conversación telefónica con LA NACION desde Washington
-¿Es posible que haya habido algún entregador en la contraofensiva de Montoneros, como sospecha el juez Bonadío?
-No tengo datos precisos sobre la segunda contraofensiva y la participación de Firmenich en ella, pero sí sé que de los tres que están bajo la lupa es Firmenich quien tiene antecedentes de haber colaborado antes con los militares. Se supone que si siguió como jefe montonero es muy probable, casi una certeza, que si hubo entrega de esa gente, Firmenich sea el culpable. Es más, si uno lee las declaraciones de gente como el poeta Juan Gelman o incluso Miguel Bonasso ahora, ambos dicen que la contraofensiva era muy disparatada y uno tiene que preguntarse entonces a qué jugaban, a qué fin apuntaban al lanzar semejante disparate.
-¿Qué define como "colaborador", a un doble agente, a un miembro de los servicios de inteligencia?
-Firmenich trabajaba como informante, que es la palabra que utilizó Sher (Robert, delegado del FBI en Buenos Aires en aquellos años) hablando conmigo. Firmenich, por lo menos desde 1973 era informante del coronel Alberto Valín, quien llegó a ser el jefe de inteligencia militar de la Argentina, y también era socio de la administración Reagan en América Central con los "contras". Además, y como consta en "Dossier Secreto", hice toda la argumentación circunstancial en contra de Firmenich y hablé con Sher al respecto. Me carteé con él y mantengo dos cartas, de las que puedo entregarle a Bonadío copias fieles, con su firma. Allí él insiste en que Firmenich era informante.
-¿Por qué Firmenich, según usted, llegó a ser informante?
-Por el viraje de los Montoneros en 1973 hacia la ultraizquierda. La gente tiene una óptica ahora... Mentalizaron mucho la propaganda militar, pero Montoneros no empezó como un grupo de corte izquierdista, sino como nacionalista católico que llegó a tener ciertas características de la izquierda porque alguna de su gente se entrenó en Cuba, pero no fue hasta que se fusionaron con las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) que llegó a ser lo que se identificó como la "guerrilla peronista-marxista". Si uno ve, además, todos los muertos que hubo en la cúpula (de Montoneros) tienden a ser muchos más los marxistas que los nacionalistas católicos como Firmenich y compañía.
Que sobrevivieron...
-Sí. Firmenich sobrevivió a tres tandas de dirigencia montonera. La primera, la de los fundadores, la que estuvo en la década del 70 y también la que se fue al exilio. Es el único sobreviviente que quedó en la cúpula desde el principio de Montoneros.
-¿Eso tuvo repercusiones en la familia de Firmenich?
-La mujer de Firmenich fue detenida en julio de 1976, inmediatamente después de la voladura de Coordinación Federal. Sher dijo que la vio en la cárcel y que no fue torturada. Pudo dar a luz al hijo de Firmenich, ese bebe no fue sustraído y ella sale del país con pasaporte legalizado, con su hijo y con Galtieri (Leopoldo por entonces jefe del Ejército) presente, antes de Malvinas. Ahora, ¿cómo se explica eso? Además, el padre de Firmenich afirmó que ni él, ni su familia, nunca fueron molestados por el Proceso y que él siguió trabajando para el brigadier Cacciatore (Osvaldo, intendente porteño durante la dictadura).
-¿Entregaba información que podía derivar en la muerte o desaparición de montoneros?
-Sí, supongo que sí.
-Usted cita, como ejemplo, cómo ocurrió la muerte de...
-Mario Roberto Santucho, sí. Sher me dijo que él tenía entendido que Firmenich tenía que ver con su muerte. También hablé con uno de los cabecillas del ERP, Luis Martini, que en 1987 me dijo que no le cabía ninguna duda que fue por ese lado. Me dijo que tenía la certeza que la infiltración venía por parte de Montoneros y que Firmenich estaba detrás.

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