Algunas cuestiones reveladoras giran en torno a un supuesto romance con la actriz Reina Reech, cuando recién comenzaba su carrera artística en algunos teatros de Mar del Plata.
Otros de sus amores de verano habría sido Bárbara Bengolea, nieta de la empresaria Amalia Lacroze de Fortabat e hija de Inés Lafuente, cuya familia le aconsejó que se alejara de él.
Además, Boudou inauguró un boliche en 1989, en una casona de Mar del Plata donde funcionó un centro clandestino de detención durante la última dictadura militar.
A continuación algunos fragmentos del libro:
Las escasas veces que recordó aquella aventura, Boudou les juró a sus íntimos que no sabía nada. Y no tenía por qué saberlo en aquel momento porque, en realidad, los pocos amigos y jóvenes marplatenses que bailaron en esa “lúgubre” y “sombría” discoteca tampoco recordaban que justo en ese lugar estaban sepultadas las huellas de los años más oscuros de la historia argentina.
“¿Cómo iba a saber ‘Aimé’ que en ese lugar donde montó un boliche allá a finales de los ochenta había funcionado en la dictadura un centro de detención clandestino?”, se pregunta un entrañable amigo de Boudou que asistió a la inauguración de la discoteca, a fines de 1989.
Enviciado con la música, Boudou reacondicionó una vieja casona aristocrática de estilo colonial, que no había logrado funcionar en ningún rubro, y montó una discoteca e dos pisos a la que llamó Pop Art, que años más tarde sería rebautizada como Villa Joyosa. Estaba ubicada al costado de la ruta 11, en los suburbios de Mar del Plata, en la zona de Parque Camet, donde el aire del mar se sufre mucho más que en el centro marplatense.
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La aventura amorosa más recordada con sorna por sus amigos fue la relación que durante un verano “Aimé” compartió con Bárbara Bengolea, nieta de la empresaria Amalia Lacroze de Fortabat e hija de Inés Lafuente. Se conocieron de casualidad un enero a mediados de los ochenta. Bengolea era una joven algo excedida de peso, pero Boudou no le daba importancia. Todo lo contrario: se reía entre sus amigos. Lo que a “Aimé” le atraía en realidad era que Bengolea manejaba un Volkswagen Gol amarillo de reciente aparición en el mercado automotriz y que se movían por Mar del Plata acompañados por la custodia de la joven. “Lo atraía el poder de ella”, rememora un amigo. En su grupo, Amado se jactaba de su relación y alardeaba con el automóvil. El romance duró solo un verano: la familia de Bengolea le aconsejó alejarse de ese joven porque no era buena influencia.
Boudou alardeó tanto con ese amor de verano como con el que entabló con Reina Reech durante las noches de fiesta en el boliche Sobremonte. Ella recién empezaba su carrera artística con algunas actuaciones destacadas en los teatros marplatenses, a comienzos de los ochenta, y no tenía la vidriera mediática que conseguiría cuando se consolidó su carrera.

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