CABILDO - Por la Nación contra el caos |
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ALIVIO EN LOS ESCAÑOS
ALÍ BABÁ
El fabuloso aumento salarial para los legisladores —¡ohsorpresa! mansamente consentido por “la oposición”— ha venido acorroborar la perversión de la Democracia, ya descripta por una pluma tanilustrada como “políticamente incorrecta”. Y un promotor —beneficiario—de la estupenda escalada salarial, fastidiado por la incontenible ola devituperios, ha advertido que de no incrementarse las remuneraciones “tenemosque dejar la política para que lo hagan los ricos y los ladrones”. Algo como si AlíBabá iracundo no percibiese su circunstancia.
INDIGNACIÓN
Realmente cuesta contenerse ante semejante derroche, agraviando a la razón y a la miseria floreciente por los cuatros costados delpaís. Es de imaginar el desasosiego de los jubilados, sometidos al colador dela Anses. Una malla inventada para averiguar si con la suma de los años,corresponde la devolución de la suma de los ahorros a sus legítimos dueños.Operación aritmética que antaño —en la “Argentina fracasada”—llevaba horas; para júbilo y descanso de los viejos. Pero hoy le hubieraquitado el sueño a Pitágoras. Frente a los portentosos cuestionamientos,traducidos en cálculos y dictámenes inextricables, con juicios añosos rematadosen los más altos estrados. Sorprendiendo incluso a una integrante de laMagistratura Suprema, que se vuelvan a plantear situaciones idénticas yaresueltas; o sea innecesariamente sometidas a juicio sencillamente para demorarel pago o simplemente no pagar. En fin, valga la digresión, a los viejos lesniegan recuperar sus ahorros, mientras la ANSES funciona como gigantescaempresa financiera al servicio del Poder. Ante lo cual el ciudadano ingenuo sepreguntará: ¿qué hacen y dicen al respecto los ocupantes de los escañoslegislativos?
RULOS Y CAÑOS
Sobre llovido mojado, los escuálidos “beneficiarios” estaránatando cabos ante los desaires con que los trata la suerte: el mayor motor delaumento sideral a los trabajadores del escaño, es el mismo cheto que mandó alos caños las AFJP. Cuando lucía sus rulos precisamente en la ANSES.
Casimiro Conasco
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