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domingo, 22 de septiembre de 2013

Rubén Huenuqueo y una canción necesaria que jamás se cantó.

Rubén Huenuqueo fue encontrado sin vida ayer a las 10 en la cama de una habitación de servicios del Sindicato de Empleados de Correos y Telecomunicaciones, en Chacabuco al 400. “El Estado tendría que haber estado ahí dándole una mano cuando necesitó y no morir así. Porque la muerte que tuvo él es indigna. Después todos hablan de nosotros, pero morimos como perros”, manifestó Jorge Palacios muy consternado.
El veterano de guerra Rubén Huenuqueo, de 50 años, fue encontrado sin vida ayer a la mañana bajo el techo prestado donde vivía.
En 1982, Rubén había peleado en la guerra de Malvinas como integrante de la compañía “B” del Regimiento de Infantería 8.
Sus camaradas lamentaron que no haya tenido un lugar digno donde vivir sus últimos días. Es que según comentaron sus amigos, había sufrido el incendio de su vivienda ubicada en pasaje Intermedio, en La Loma, hace tres meses y había llegado al Sindicato de Correo, en busca de una ayuda para vivir en las habitaciones de servicio. Había llegado allí sólo por unos días, que después se terminaron haciendo meses.
Rubén trabajaba en el Correo Argentino aunque según sus compañeros, en el último tiempo estaba liberado de funciones. Es que había momentos en los que el recuerdo de la guerra lo seguía lastimando por dentro y lo hacía aislarse.
“No sentía las piernas”, le decía a Emilia Paredes, referente del Sindicato de Correo.
Según su compañero veterano Jorge Palacios, “aparte de sentirlo como amigo, como persona, como soldado, es una partecita de la historia que se va. Si bien no estuvimos juntos en Malvinas, compartimos muchos 2 de abriles con él, actos, cuando jugábamos al fútbol, cuando se le quemó su casa, lo fuimos a ver, uno lo ayuda a su manera”.

“MORIMOS
COMO PERROS”
Desde que se quemó su casa, Rubén había estado muy depresivo según sus amigos. Lo encontraban a veces encerrado en la habitación que ocupaba en los últimos meses y se la pasaba días así.
La policía informó que una médica certificó que falleció por causas naturales.
Dicen sus amigos que ya en los últimos tiempos no comía bien, y que se lo notaba bajoneado. Que cuando los recuerdos de la guerra retumbaban en su cabeza se encerraba.
La partida de su camarada de guerra Alfredo González lo había afectado, contó José Hernández.
Sus amigos dicen que les comentaba que a su casa se la habían prendido fuego, pero les parece raro porque Rubén no tenía problemas con nadie.
Cuentan que hasta los últimos días recordaba con firmeza sus Islas Malvinas y se golpeaba el pecho cuando hablaba de ellas.
Jorge Palacios estalló en llanto ayer a la mañana ante la impotencia y la tristeza. Las bombas, la humedad que quemaba los pies en las cuevas de zorro quedaban atrás. Es que el presente no mostraba nada mejor. Rubén, murió así, sin techo. De prestado.
“Uno pretende que el Estado lo tome con más prioridad a esto, porque él no tendría que haber muerto de esta manera, el Estado tendría que haber estado ahí dándole una mano, cuando necesitó y no morir así. Porque la muerte que tuvo él, es indigna. Después todos hablan de nosotros, pero morimos como perros”, sentenció Palacios.

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