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viernes, 6 de junio de 2014

El kirchnerismo impide lectura de un fragmento de ¿Quién mató a Rosendo?

ANTES QUE LA DERECHA LE GANE DE MANO



(AW) En la Cámara de Diputados de la Nación, el diputado por el FIT, Nicolás del Caño interpeló a Capitanich sobre GESTAMP y denunció al SMATA, al finalizar iba a leer un párrafo del escritor detenido-desaparecidoRodolfo Walsh sobre la burocracia sindical, cuando entre gritos, le cortaron el micrófono. Opina Patricia Walsh.
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La diputada Diana Conti, en ese momento ejerciendo la presidencia de la sesión, planteó que "no nos va a venir a leer a Walsh a nosotros" y, pese a la insistencia del diputado trotskista, le cortó el micrófono, mientras otros miembros de la bancada del FPV como Carlos Kunkel y Oscar Romero le gritaban.
Patricia Walsh se refirió al hecho: "Del Caño creyó que Rodolfo Walsh podía sumar su voz para reclamar por los puestos de trabajo de Gestamp".
"...Pero al suceder, actuaron todos o casi todos los factores que configuran el vandorismo: la organización gangsteril; el maccarthismo (’Son trotskistas’); el oportunismo literal que permite eliminar del propio bando al caudillo en ascenso; la negociación de la impunidad en cada uno de los niveles del régimen; el silencio del grupo sólo quebrado por conflictos de intereses; el aprovechamiento del episodio para aplastar a la fracción sindical adversa; y sobre todo la identidad del grupo atacado, compuesto por auténticos militantes de base.El asesinato de Blajaquis y Zalazar adquiere entonces una singular coherencia con los despidos de activistas de las fábricas concertados entre la Unión Obrera Metalúrgica y las cámaras empresarias; con la quiniela organizada y los negocios de venta de chatarra que los patrones facilitan a los dirigentes dóciles; con el cierre de empresas pactado mediante la compra de comisiones internas; con las elecciones fraguadas o suspendidas en complicidad con la Secretaría de Trabajo".
(Rodolfo Walsh, ¿Quién Mató a Rosendo? Ediciones de la Flor.)Este es el párrafo, de un libro de mi padre, cuya simple lectura hubiera durado un minuto.
Para que no se leyera - ni se escuchara- la diputada oficialista que presidía la sesión cortó el sonido. Fue ayer, en la Cámara de Diputados de la Nación, coincidiendo con la Semana del Periodista. El diputado que se quedó sin audio, Nicolás del Caño, creyó que Rodolfo Walsh podía sumar su voz para reclamar por los puestos de trabajo de GESTAMP, para denunciar a la burocracia sindical que hoy ya habla de "infiltrados de izquierda", y para mostrar cómo la patronal de la multinacional, asociada con la burocracia sindical, es responsable en los despidos, las amenazas y los aprietes a los trabajadores de base. Donde dice UOM se debe leer aquí SMATA.
Se trata de dar una mejor respuesta a quienes preguntan cosas tales como qué tiene que hacer una nieta de desaparecidos en la puerta de una fábrica en conflicto.
¿Hay que explicarlo?
Entonces agrego por qué me sumo también yo, para decir algo sobre esos despidos, y sobre mi padre, y sobre lo ocurrido ayer, y esta semana.
Rodolfo Walsh no vive en los premios que usan su nombre y su apellido.
No está en los homenajes de aquellos que lo usan para homenajearse a sí mismos. Vive en sus textos de denuncia, que siguen siendo actuales. Pero sobre todo vive en la lucha de aquellos a los que admiraba tanto, por su compromiso y por su entrega. Allí sí está Rodolfo Walsh, y no se calla. Sigue denunciando.

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