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viernes, 25 de septiembre de 2015

Vengo diciéndolo desde hace meses.

Por esto días estoy trabajando en un cliente cuya campaña, pese al esfuerzo se encuentra empantanada. Cuando esto ocurre, una campaña queda paralizada porque no se cumplen los objetivos y expectativas, tarde o temprano la responsabilidad será asignada, por otras áreas o el propio cliente, a quienes están a cargo de la prensa y los de estrategia.


Cuando ese día llega ya no sirve decir "te avisé" o "vengo diciéndolo desde hace meses" y el peor: "es que no me prestan atención". Lo triste de todo esto es que generalmente es cierto, siempre se avisa, se dice y no prestan atención.

Porque lo que creemos de las audiencias y los públicos objetivo también corre para las estructuras de la campaña: la gente ve lo que quiere ver y escucha lo que quiere escuchar.

También existe la tendencia -luego de chocar una y otra vez- de replegarse, de no convertirse en el portador de la "mala onda" o malas noticias. En esa instancia, las áreas comprometidas con el cumplimiento de objetivos dejan de opinar y ya el daño es definitivo.





Mi humilde experiencia indica que hay que persistir. Utilizar todos los recursos de persuasión que normalmente desplegamos para articular la seducción del electorado hacia nuestro cliente y sus responsables clave. Cada tanto hay que escribirlo y presentarlo impreso, no alcanza a enviarlo por correo electrónico.

Vaya este ejemplo de mi último memo, obviamente he retirado datos que permitan la identificación y completé para dar sentido a los puntos.

Objetivos.
Volvamos a tomarnos un día para revisar y ajustar de ser necesario la estrategia y las tácticas que estamos aplicando.

Un tema.
Terminar de definir la competencia en un tema en el que los contendores no se sientan cómodos o ya tengan definidos otros. Fuertes en un tema y opinando de todo lo demás. Ese tema se tiene que convertir en hechos físicos (acto, jornada, una visita, etc.) para luego referenciarlo a una noticia que lo difunde.

Cada uno de los otros candidatos tienen atributos, no necesitan asociarlos en sus comunicaciones, ya han ocupado cargos ejecutivos, o los públicos los ubican como conocedores de un tema.

La estrategia debe orientarse a que al final del día las audiencias asocien la imagen personal, el nombre y el tema. Esta estrategia para ser exitosa debe ser persistente y sistemática.

Discurso temático. Debe implementarse un discurso sencillo, versátil y disciplinado y repetirlo siempre (disciplina en el mensaje y control de agenda).

Presencia territorial o física.
Hay que salir al territorio para generar impactos noticiosos, relaciones personales con líderes locales y generar contenidos que muestren al candidato en acción. Haciendo, comprometido con la idea y la promesa.

Un tema central y excusas de comunicación e interacción simples, sobre cuestiones divertidas, altruistas, novedosas o interesantes para la opinión pública. En este punto no hay temas más importantes que otros porque el tema no es el mensaje (pueden ser excusas pequeñas como consejos de alimentación sana hasta la presentación de un Master Plan de recuperación de rutas). El tema es la excusa. El mensaje es el contacto directo y personal y las piezas de ese contacto (folleto, calcomanía, el pedido de firma, presentación de material específico, la conferencia de prensa en sí, etc.).

Incluye armar un programa de salidas de operadores a contactar en los distritos, organizar visitas, encuentros, etc.

Activación en redes sociales.
Permite llegar a mucha gente interesada en temas particulares de manera rápida y económica. Nuestras audiencias están también en las redes. Obtener un punto de rating tradicional en medios televisivos cuesta de promoción en redes $700 (unos 80 dólares) y esos públicos no sólo son específicas (interesados en los temas) sino que se los puede geo localizar y segmentar.

Medios nacionales y provinciales.
El desafío es convertir las ideas en noticias y una noticia es un hecho (además de que esas noticias sean relevantes e interesantes), no una declaración. El hecho es la noticia y la declaración es el mensaje.

Guillermo Bertoldi.

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