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jueves, 2 de mayo de 2013

13S, 8N (2012) y 18A, 24A y 27O (2013). Cinco fechas, todas importan, pero la última es la más relevante.


Hugo Martini
CARTA
 ¿Por qué? Porque es la única que puede cambiar el curso de la historia. Ese día -27 de octubre 2013- se resuelven dos cuestiones esenciales. (a) Si la Presidenta puede o no ser candidata en 2015 y (b) si la oposición tendrá una mayoría parlamentaria que le permita aprobar sus proyectos, o rechazar los que le mande el gobierno
Un poco más de un millón de personas en la calle –aunque salgan a protestar una vez por mes- representa el 4.3% % de las personas que estuvieron en condiciones de votar en las últimas elecciones, en octubre 2011. O sea, una movilización de una de cada 23 personas posibles. Considerando este cuadro estadístico, un gobierno autoritario –si sigue ganando elecciones- entiende que tiene las manos libres para ejercer atribuciones legislativas y judiciales, además de ejecutivas.
La oposición al gobierno de Cristina Kirchner tiene dos posibilidades: (1) puede solo seguir formulando encendidas e imaginativas declaraciones en los medios y convocando a la gente a movilizarse o (2) negociar, además, con otras fuerzas opositoras a fin de presentar listas comunes en las elecciones de octubre. Oponerse al gobierno y seguir divididos entre ellos es la fórmula infalible para la derrota.
Una de las pruebas más claras y que demuestra la corrección de este razonamiento es la sesión de la Cámara de Diputados celebrada entre el 24 y 25 de abril pasado. El número que importa es el de la mayoría de diputados o senadores, no el de la gente reunida en la calle. Aunque parezca un comentario antiguo y desactualizado hay que distinguir entre Plaza, Elección y Congreso. Plaza es la emoción, Elección son los números y Congreso es lo que permite cambiar.
En el debate de los diputados la semana anterior se recordó el artículo 29 de la Constitución, referido a “los infames traidores a la patria”, atento a las facultades extraordinarias, o la suma de poder público, que se estaba otorgando al Poder Ejecutivo. Pero nadie recordó el artículo 22 que indica: “el pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste, comete delito de sedición”. No es una mala idea recordar que los artículos de la Constitución valen todos por igual. Las expresiones “traición a la patria” o “delito de sedición” pueden evitarse si existiera un acuerdo básico y esencial:solo las elecciones de octubre pueden cambiar el futuro político de los argentinos.
La oposición no debería unirse solo para movilizar al pueblo en la calle. Debería hacerlo, además, para triunfar en octubre y no existe otra forma que presentar listas comunes, en las que desaparezcan los “límites” infantiles que algunos dirigentes expresan con relación a otros. ¿Por qué infantil? Porque algunos, en el borde del abismo –dicho seriamente- están jugando al arroz con leche.

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