Follow by Email

sábado, 8 de febrero de 2014

El nuevo sistema transparentó la falta de vacantes. El Ministerio de Educación dice que no hay escuelas suficientes, a pesar de contar con presupuesto para construirlas. Miles de chicos se quedaron afuera.

Por Franco Spinetta

A tres semanas del co­mienzo de las clases, el Ministerio de Edu­cación confirmó que entre siete mil y nueve mil chicos inscriptos en el jardín de infan­tes no tendrán vacante en la es­cuela pública. Además, los fun­cionarios informaron que otros cuatro mil pibes que se anotaron para empezar a cursar la escue­la primaria o secundaria deberán ser “relocalizados”. Por lo tanto, todavía no saben a qué colegio irán ni tampoco tienen garanti­zado que se respete la orienta­ción que eligieron.
Mal debut para el sistema de inscripción on line, que prome­tía ahorrar tiempo y papelerío, y brindar mayor transparencia en la asignación de vacantes. En medio de la bronca de padres, alumnos y docentes, el titular de la car­tera educativa, Esteban Bullrich, ensayó un mea culpa y admitió “errores” en la implementación y en sus pronósticos. “El error lo cometimos al facilitar el acce­so a mucha más gente a la escue­la pública”, intentó justificarse. También recordó que el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, tiene permanentemente su renuncia a disposición.
Innovación y fracaso
A principios de octubre de 2013, una breve comunicación en la página web de la carte­ra educativa anunciaba un cam­bio total del sistema de inscrip­ción en las escuelas estatales. Si hasta entonces ésta era operada por los directivos de cada escue­la, ahora el gobierno absorbería toda la tarea y se ocuparía direc­tamente de la designación de las vacantes.
El nuevo sistema –ciento por ciento digital– les ahorraría a los padres la necesidad de ir hasta la escuela y hacer cola para ano­tar a sus hijos. Además, alivia­ría la carga de tareas sobre los docentes y directivos de cada establecimiento. Por último, el nuevo sistema on line prome­tía transparentar definitivamen­te las designaciones, que pasa­rían a depender de un algoritmo informático y no de la subjetivi­dad de un humano.
En verdad, el quid de la cues­tión era “quitarle el control so­bre el manejo de las vacantes a los sindicatos”, según reconocen fuentes ministeriales. Por eso, la implementación del sistema fue considerada una victoria políti­ca por el equipo que trabaja con Bullrich.
Ahora, con los resultados a la vista, la inscripción on line se ha vuelto un boomerang. La bronca de los padres se concentra ahora en un único y claro destinatario: el Ministerio de Educación.
Un colapso anunciado
“Cualquiera que conozca el sistema educativo porteño sabía que iba a terminar pasando esto: la Ciudad no tiene capacidad para abastecer la oferta educa­tiva”, señaló a Diario Z Roxana Perazza, ministra de Educación durante el gobierno de Aníbal Ibarra. “La demanda de escolari­dad de 0 a 3 años es un fenóme­no creciente en los centros ur­banos, que hace 25 años no se daba, pero que ahora crece año tras año, sobre todo por las ne­cesidades laborales de los pa­dres”, explica.
El gobierno era perfecta­mente consciente de esta situa­ción. En el año 2006, la Aso­ciación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) demandó ju­dicialmente al Estado porteño para que cumpla con el manda­to constitucional de la Ciudad de cubrir la demanda educativa del nivel inicial. El déficit, según cal­cularon entonces, ya superaba las seis mil vacantes. A raíz de esta presentación, cuatro años más tarde, el Gobierno de la Ciudad tuvo que comprometer­se formalmente ante el Tribunal Supremo de Justicia a construir veinticuatro nuevos estableci­mientos. Las escuelas debían es­tar listas en 2012, pero sólo se terminaron catorce, según datos aportados por ACIJ.
“El número de vacantes en el nivel inicial se mantiene es­table, con el agravante de que se sigue incumpliendo un acuer­do judicial de manera flagrante”, explica Roberto Amette, Coordi­nador del programa Igualdad Educativa de ACIJ. “Ellos aducen que faltan terrenos para cons­truir escuelas, pero a fines de 2013 aprobaron la venta de más de 30 inmuebles del Estado para obras en otros ámbitos… esto demuestra que no es una prio­ridad”.
El Gobierno pretendió suplir el déficit con la creación de los llamados Centros de Primera In­fancia (CPI). “El gobierno debe construir escuelas y no CPI –dice el asesor tutelar ante la Cámara, Gustavo Moreno–, porque no tienen capacitación pedagógica, funcionan como guarderías ges­tionadas por privados. Su pre­supuesto ni siquiera lo adminis­tra Bullrich, sino que se lo dan a la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, para que lleve la política del PRO a las villas”.
En números, “el porcentaje de Educación en el Presupues­to general hizo una curva des­cendente que va desde el 28 por ciento a menos del 22 por cien­to. Pero no sólo se reduce, sino que además se subejecuta de manera notoria”, sostiene More­no. Por caso, entre 2010 y 2013, el área de Infraestructura Educa­tiva contó con un presupuesto de $1.826.171.669, pero ejecutó sólo el 62 por ciento.
¿Transparencia?
La saga de la inscripción on line acumuló varios capítu­los antes de llegar a esta ins­tancia. Entre el lanzamiento del nuevo sistema –pergeñado des­de mediados de 2013 bajo un hermetismo total– hasta el re­conocimiento público por par­te del ministro Bullrich, hubo de todo: presentaciones judicia­les, marchas, abrazos simbólicos a escuelas, una licitación a las apuradas para comprar “aulas modulares” (ver recuadro). Pero, sobre todo, mucha confusión en torno a la verdadera dimensión del problema.
Cuando comenzaron a regis­trarse reclamos por parte de pa­dres y docentes sobre los incon­venientes del nuevo sistema, el gobierno respondió que los in­convenientes para conseguir va­cantes afectaban a sólo tres mil niños. Esa posición fue sostenida por di­versos funcionarios, desde el jefe de Go­bierno Mauricio Ma­cri hasta el jefe de Gabinete Horacio Ro­dríguez Larreta, quien volvió a insistir con el mismo margen de error horas antes de que el pro­pio Bullrich reconociera pública­mente que, en realidad, suma­ban más de doce mil los chicos afectados.
Sin embargo, a la hora de rendir cuentas ante la Justicia, los funcionarios declararon por escrito –el 30 de diciembre pa­sado– que la falta de vacantes afectaba a 17.615 chicos de los niveles inicial, primario y secun­dario. Acompañaron con una promesa: que todos tendrían su lugar en la escuela y todos los males estarían resueltos para el día 3 de febrero.
“No han cumplido con el compromiso judicial”, apunta Gustavo Moreno a Diario Z. “El ministro brindó una conferen­cia de prensa confusa, porque los números no cierran. Ade­más, nunca acreditó sus dichos en la Justicia, que es donde co­rresponde que dé una respuesta ante la existencia de una causa”, añade. Ahora, precisa Moreno, el juez Osvaldo Otheguy –a car­go del seguimiento del tema– deberá intimar al Ministerio para que brinde información concre­ta y especificada sobre cuál es la situación previa al comienzo de las clases.
Muchos temen que esta cri­sis, en desmedro de la educación pública, beneficie al sector pri­vado. Para Perazza, “estos pro­blemas espantan a mucha gente que querrían anotar a sus hijos en la escuela estatal, pero que terminarán anotándolos en las privadas frente a la incertidum­bre que genera no saber si ob­tendrá o no una vacante. La falta de planificación y la ineficiencia liman la credibilidad de la es­cuela pública”. Des­de el sindicato do­cente, UTE, afirman que “tampoco ten­drán vacantes todos aquellos que se ins­cribieron en escue­las técnicas y normales en el ni­vel medio”.
El colapso del sistema de ins­cripción on line puso al desnudo el déficit de vacantes de la edu­cación pública porteña. La gran incógnita es si esto profundiza­rá la sangría del sistema estatal hacia la educación privada que, según datos de la Dirección Ge­neral de Evaluación de la Cali­dad Educativa, absorbe el 51% de los alumnos. Este año las pri­vadas recibirán más de 2 mil mi­llones de pesos en concepto de subsidios.
“Me mandaron a una privada”
Inscribimos a Ema en tres jardines de infantes a través del sistema on line, pero sólo quedó registrada la opción del Lengüitas. Por un error del sistema no se cargaron las otras dos escuelas, nos dijeron. Si bien la gente del Minis­terio reconoció que el pro­blema lo generaron ellos, hoy Ema figura en el pues­to 677 de la lista de espera del Lengüitas”, cuenta Te­resita Escario.
Como tantas otras fa­milias, Escario y su esposo quieren que su hija de 3 años concurra a la escue­la pública. Al enterarse del error cometido por el sistema on line, Teresita re­clamó en todos los teléfonos del Ministerio de Edu­cación de la Ciudad, hasta que el 9 de diciembre recibió un correo electrónico de esa cartera en el que le informaban que había una vacante para Ema en el Jardín del Abasto, en la calle San Luis. Pero al concurrir al establecimiento, la directora le dijo que aún no tenía el listado definitivo.
El lunes pasado, luego de la conferencia de prensa en la que Bullrich admitió que 7000 chicos de nivel inicial no tendrán vacantes, Teresita recibió un llamado telefónico. Un tal Jonathan, que dijo hablar en nombre del Ministerio de Educación, le informó que su hija no tiene vacante y que debe buscar una escuela privada.
“Le explique a Jonathan –nunca me dio su ape­llido– que sí tenemos una vacante otorgada en el Jardín del Abasto y que si ahora me la quitan, el Ministerio de Educación debe dejarlo asentado en el sistema on line”, explica Escario.
Su próximo paso: presentar un recurso de am­paro ante la justicia para que el gobierno porteño cumpla con la vacante que ya le otorgó a su hija Ema.

No hay comentarios:

Publicar un comentario